martes, 28 de junio de 2011

grecia: ruinas y reconstrucciones

En la página 87 de un libro titulado Viaje a la Grecia antigua, leo algo que Cesare Brandi escribió hace años y se publica ahora traducido por primera vez al castellano. Y, aunque habla de otra cosa, veo la Grecia de hoy, esquilmada otra vez, comprada de saldo, y a la que se pide que se reconstruya con otras piedras, impuestas, ¡y a qué precio!, por los esquilmadores:
Todo está vacío, profanado, destapado; y de repente este vacío se convierte en forma, en el sentido de cóncava matriz. Las calles a plomo, las grandes casas de piedra, las iglesias innumerables, contienen todavía aquella sociedad prepotente y devota, aquella vida áspera denodadamente defendida. Pero las contienen como el sentido de una frase en una lengua muerta.
Así, hay que salvar Mistra; al borde de esta última ruina y sin una piedra de más. Bastan las tejas nuevas –y cuántas hay desde la Metrópolis hasta la Pantanassa– para substituir la inmemorial renta vitalicia de la historia por la recaudación en metálico de un presente fiscal.
Sí, hay que salvar Grecia, sin una piedra más. Como dice Santiago Auserón en La deuda griega siguiendo una frase de Godard, una Europa construida sobre la base de un capitalismo sin fronteras no es la que hay que construir. Ni una piedra más.