domingo, 31 de mayo de 2015

el canto de los pájaros

“Mirlos, ruiseñores, tórtolas, petirrojos, no sé si juntos o en sus respectivas reservas tribales, acuden al socaire del jardín y dotan a la mañana de una variante de equilibrio perpetuo que se parece a la justicia”, escribe Caballero Bonald en la página 12 de Desaprendizajes, y yo, hace unos días, dejé esas líneas señaladas con una flecha en el margen de la página.
Disiento con respecto a las tórtolas, su zureo no me arrulla, me resulta extraño al canto de los pájaros, y, si tuviera yo que hacer una lista, no faltaría la oropéndola, que sí lo hace, a menudo, en mi jardín. Así que, ahora que vuelvo de él, y esta mañana temprano he sentido allí ese equilibrio inmerso en el canto de los pájaros, busco la marca que dejé en el libro y leo “Mirlos, ruiseñores, oropéndolas, petirrojos...”, dos sílabas más en ese canto.