martes, 6 de noviembre de 2007

hacerse mayor: 1. el hombre del salto

–Qué major m’he fet!–, me dijo Landete en el camerino después del concierto que tituló L’experiència gratificant.
De esto hace ya un mes, y ese “hacerse mayor” me ha estado acechando desde entonces.

Por la ventana de casa de Paco de la Torre entra un lamento prolongado, un gemido. Le pregunto qué es. –Viene de aquí al lado. Hay enfermos de Alzeimher –me contesta. Como mi cara es de sorpresa, continúa –No intentan que callen. Les dejan seguir. Parece que así se agotan.

Alguien, no Georges Perec, me dice: “Me acuerdo del día en que mi padre me llevó a la estación de San Lázaro”. Y luego: “Este tío vivió ciento siete años”.

En El hombre del salto de Don DeLillo leo: “Era el tipo de hombre que aún no es viejo, si se miden los años con precisión, pero que lleva encima algo más que el duro peso de la edad”. Y luego: “–El segundo avión, para cuando aparece el segundo avión –dijo él–, ya somos todos un poco más viejos y sabemos más”.

En la Nau me encuentro con el cartel de Renau del trampolín de la piscina de las Arenas, y me acuerdo del día en que el más alto se desplomó, atiborrado de gente, sobre los que estaban sentados en el borde. No sé cuándo fue, pero no puedo olvidar la sangre y los gritos, el ruido del golpe; mi patada en el trampolín antes de zambullirme, la salida a la superficie, con el trampolín detrás de mí ya dentro del agua. Yo fui el último en saltar.

1 comentario:

Gustavo dijo...

Más DeLillo. En Submundo. "Era de esa clase de personas que a uno le costaría trabajo describir si la viera en el momento de cometer un crimen"