miércoles, 3 de noviembre de 2010

no caer en el delirio

“Necesitaba siempre alguien con quien hablar para borrar su discursito privado, las palabras que le daban vueltas siempre en la cabeza como una música, y entonces al hablar seleccionaba los pensamientos y no decía todo, tratando de que su interlocutor reflexionara con él y llegara, antes, a sus mismas conclusiones, porque entonces podía confiar en su razonamiento ya que otro también lo había pensado con él. En eso se parecía a todos los que son demasiado inteligentes –Auguste Dupin, Sherlock Holmes– y necesitan un ayudante para pensar con él y no caer en el delirio.”

Ricardo Piglia, Blanco nocturno, p. 141