martes, 21 de octubre de 2008

impertinencias

En torno al año 400 a.n.e., la democracia ateniense se recupera de la época de los Treinta Tiranos. Se ha firmado un acuerdo de paz entre oligarcas y demócratas que incluye una ley de amnistía. Lisias quiere, sin embargo, que Eratóstenes sea juzgado por haber matado a su hermano, pero como es difícil encausarlo por ello, amplía su acusación contra él a todos los desmanes cometidos por los Treinta Tiranos, de cuyo gobierno formó parte.

Su discurso de acusación Contra Eratóstenes, uno de los Treinta, que pronunció el mismo Lisias, comienza con una frase que vale la pena tener presente: “Empezar la acusación no me parece difícil, oh jueces, sino dejar de hablar. Delitos de tal magnitud y de tan gran número han sido cometidos por ellos que, aun mintiendo, no los acusaría de delitos peores de los que ya existen…” Lo difícil no es acusar, sino callarse. Callarse es imposible ante la magnitud de los delitos. O al menos es imposible callarse para un demócrata radical.

La historia no nos dice, o al menos yo lo desconozco, cuál fue el dictamen tras el alegato de Lisias, si Eratóstenes fue o no inculpado y condenado, pero sí que su alegato era impertinente.

(Noticias en la prensa: Garzón dicta un auto declarándose competente “por los presuntos delitos permanentes de detención ilegal, sin dar razón del paradero, en el contexto de crímenes contra la Humanidad” […] “fundamentalmente por la existencia de un plan sistemático y preconcebido de eliminación de oponentes políticos a través de múltiples muertes, torturas, exilio y desapariciones forzadas (detenciones ilegales) de personas a partir de 1936, durante los años de Guerra Civil y los siguientes de la posguerra, producidos en diferentes puntos geográficos del territorio español”. El fiscal “considerando que la resolución no es ajustada a derecho interpone recurso de apelación”.)

(El Contra Eratóstenes de Lisias lo encontré el sábado pasado, de expedición en la calle Donceles, en la librería contigua al Inframundo, en la edición de la colección de la UNAM de clásicos grecolatinos Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, y lo compré como libro de actualidad. El Margites no fui capaz de encontrarlo.)