domingo, 1 de junio de 2008

retorno a la ortodoxia punk

Hace unos meses, de tapas por Granada, me encontré pintada en un muro la consigna “retorno a la ortodoxia punk”. Parece que, también para quienes declararon que no había futuro, no cabe la instalación en el presente, sino la nostalgia del pasado, no sé si feliz, pero al menos añorado. Desde entonces, esa frase retorna a mi cabeza como si fuera uno más de los estribillos de canciones que he incorporado a mi vida. Incluso sin más sentido que el de la necesidad del retorno a algún lugar, por ejemplo, a este blog en pausa.

No se trata de usar los versos de Santiago Auserón “Voy a la deriva, amor / que no me dejan en calma / los vientos de mal humor”, otro de mis estribillos recurrentes, para instalarse en el desconsuelo, que el mismo Auserón ya concluye ese son de los muertos con la intención de “...dejar / pasmados y boquiabiertos / a los muertos del lugar / resucitar al fresco”. Resucitar pues al fresco. Salir al fresco y sacar al fresco.

En algún sitio leí que en un muro alemán apareció ya hace tiempo, en cualquier caso antes de la caída del muro por antonomasia, una pintada postpunk, sin nostalgia: “no future war gestern, aber was gibt es weiter”, algo así como “lo de que no hay futuro fue ayer, ¿y ahora qué?”. Pues eso, ¿y ahora qué? Ya pasó la conmemoración del mayo del 68, a la que parece obligar los números redondos. Un año, 1968, en el que yo también llevaba a cuestas un número redondo: el de mis años, veinte entonces (y, por tanto, sesenta ahora, redondo también, porque, por decirlo en la jerga del álgebra, en el conjunto de los números redondos la adición es una ley de composición interna, y la multiplicación por un número natural, una ley de composición externa); y en el que para mí pensamiento y vida iban de la mano.

Las conmemoraciones tienden al mausoleo, y más cuando tenemos ya tantos muertos que contar, entre aquellos con los que vivimos o con los que pensamos. Lo que puede ser una carga pesada, salvo que se sepa hacer como Alain Badiou, que convierte en ligereza y flecha el peso de los muertos en el libro que ha publicado en este 2008 = 1968 + 40, Petit panthéon portatif, Pequeño panteón portátil. Muy distinto del peso que parece tener para André Glucksmann, que, quizá decepcionado él por la pérdida de los dogmas, como dice que está la izquierda, se ha sentido obligado a explicarle Mayo del 68 a Nicolas Sarkozy, en el libro que, junto con su hijo, ha escrito para su 2008, Mai 68 expliqué à Nicolas Sarkozy.

Pues bien, ¿y a mí qué que sea redondo el número de años que ha pasado desde Mayo del 68? Ni nostalgia, ni recuerdo momentáneo que descargue de la culpa del abandono. Con mi Pequeño panteón portátil a cuestas, ya es junio, ¿y ahora qué?